viernes, 17 de enero de 2014

Cantando en voz baja por miedo
con ropas anchas y pinchos por el cuerpo,,
siempre pasando desapercibida, en silencio,
creyendo que es pesadilla mas que sueño.
Escondida tras las barricadas de mi alma
sin abrir mi corazón a lo externo
al cariño, el calor, las sonrisas
parapetándome detrás de mi cuento.
Y ahora me queman como el fuego
las ganas de vivir, de amar, de gritar,
de cantar todo esto que llevo dentro
de poder ver tu sonrisa una vez y otra más.
Sigo notando tu calor en mis sueños
siempre vas de la mano de mis pensamientos,
y seguiré cantando hasta caer muerta
seguiré luchando hasta el fin de mis fuerzas.
Mientras todo arde a mi alrededor
recordaré esos ojos de pilluelo,
y pelearé con mi alma y mis manos
para ver junto a ti un mundo nuevo.
Sin promesas de amor eterno
que no las busco, no las quiero,
quiero tenerte aquí y ahora, solo,
y besarte como si se acabase todo
el tiempo y el espacio que dicen infinito
se para en el mismo momento
en que tus labios  besan los míos
en ese mismo instante, enloquezco.

Conversaciones a media voz en plena noche
suaves caricias robadas al amanecer,
el centelleo azul de las luces de los coches
que nos recuerdan lo que vinimos a hacer.
Llegamos cuando todo había acabado
nos perdimos esa parte de la partida,
pero seguiremos luchando acalorados
juntos los dos mientras el mundo grita.
Nuestros niños interiores han despertado
y tienen ganas de revolución,
sus máscaras caerán por su propio peso
se hincha de rebeldía nuestro corazón.
Y mientras en los medios nos dicen violentos
nosotros seguimos con nuestro clamor,
no es violencia, es hacer presión
para que el país entero grite rebelión.
Hartos de dejarnos manejar por ladrones
que no piensan en el bien de su pueblo,
solo muestran sus falsas retracciones
mientras se van con los bolsillos llenos,
y padres, madres, hermanos, hijos, abuelos,
pasando hambre por ser humildes y buenos
con ese pánico a una guerra civil abierta
creen tenernos controlados como a borregos,
pero hay algo que marcará la diferencia
cuando el pueblo pasa hambre, penurias
llega un momento en que todo ese miedo
cambia de bando y sin mesura
ataca al corazón del político deshonesto.

miércoles, 8 de enero de 2014

Asustada del mundo en sí
Asustada siempre de mí,
Creyendo que para vivir así
Sería mucho mejor no existir.
Atrapada en mi mente en guerra
Dos caras de una sola moneda,
Una que quiere sonreír y luchar
Otra que me frena al ver la realidad.
Siempre temiendo que me hieran
Y a la vez temiendo yo herir,
No sabiendo negar la evidencia
Creyendo que la felicidad no es para mí.
Cuido a los demás porque pienso
Que si ellos son felices yo lo seré,
Y cuando me apuñalan me entero
De que jamás pensaron en mi bien.
Y quiero volar y me faltan las alas
Ilusiones rotas cortan mis pies,
Soy como una rosa temprana
Que alguien corta casi antes de nacer.
Harta de que la vida se ría de mí
Y de que ponga piedras en mi camino,
Dejándome la piel por sonreír
Intentando atisbar mi destino.
Una niña ansiosa por ser feliz
Que vive a la sombra del miedo,
Miedo de volver a amar y sufrir
De que las heridas no sanen con el tiempo.
Una chica desesperada por ser libre
Que ata sus propias cadenas a un cuento,
Que siempre acaba hundida sin un porqué
Que acaba siempre llorando en su silencio,
Con tanto miedo a decepcionarlos,
Con tanto pánico a perderlos
Que no recuerda la última vez que no pensó

En como no herir los sentimientos ajenos.
Esta leyenda me la contó mi abuela cuando era una niña, y yo se la conté a mi sobrina y la encantó, así que decidí escribirla personalizada para ella. Espero que os guste, y sino tampoco es que importe mucho, porque a ella la encantó, y con eso me doy por satisfecha ;)

La leyenda del Sauce y el Hada

Hace miles de años, cuando nuestro mundo era mágico aun, existió un hada llamada Imeón. Ella era un hada de la naturaleza, concretamente, era una protectora de árboles. Se encargaba de cuidarlos cuando estaban enfermos, los ayudaba a enclavar sus raíces bien hondo, les animaba cuando estaban floreciendo… Imeón era el hada más hermosa de la creación: pelo castaño largo y con reflejos dorados como el sol, ojos grandes, marrones con vetas verdes, siempre amables y sonrientes, un rostro en forma de corazón, una nariz pequeñita y simpática, y los labios como los de una muñeca de porcelana, pero lo que hacía de Imeón tan especial, era su carácter: bondadosa, valiente, sensible, terca y, normalmente, obediente en todo. Tan sumamente bella era por fuera y por dentro, que hasta un duende oscuro, Grack, se enamoró de ella locamente. Pero Imeón no tenía ojos más que para su amado, Sauce. Sí, Imeón estaba enamorada de uno de sus preciosos árboles, que en aquella época mágica, aun podían hablar y sentir como los humanos. Cada día, Imeón dormía entre las ramas de Sauce, acunada por bellas canciones que él la cantaba con el susurro de sus hojas.

Antes dije que Imeón era obediente en casi todo, ¿lo recordáis? Pues bien, en esta ocasión no, pues el amor entre un hada y cualquier otro ser de distinta especie, estaba prohibido, pero el amor que ambos sentían era tan potente y profundo, que no les importó y desafiaron las normas, amándose y siendo felices… Hasta que llegó el fatídico día en que Grack se enteró de la hermosa historia de amor que había entre ambos. Este fue corriendo a pedir audiencia con el Rey de las Hadas, Oberón, el cual escuchó la historia completa y, cuando el duende terminó, se levantó de su hermoso trono hecho de plantas y bayas de oro, y fue volando en busca de Imeón, a la que encontró hablando con su amado Sauce. Grack, satisfecho y sonriente, lo siguió, ansiando ver como Oberón separaba a los dos enamorados, prohibiéndoles el volver a verse jamás, logrando así que Imeón fuera solo para el. Pero lo que Grack no sabía era que el castigo al crimen que habían cometido, sería la muerte de su adorada hada. Cuando llegó a donde estaba Sauce, vió a Imeón arrodillada frente al Rey Oberón, llorando desesperada y pidiendo clemencia, y a Sauce intentando protegerla con sus ramas… Repentinamente, un rayo de luz cegadora salió de la punta del báculo del rey, y donde segundos antes estaba Imeón, ahora sólo había un trozo de amatista. En ese momento, a Sauce, que vió morir a su amada, se le partió el corazón, por lo que dejó caer sus esbeltas ramas hasta el suelo, llorando desesperado… Por esta triste historia de amor, hoy en día llamamos a los hijos de aquel Sauce, Sauces Llorones, porque desde aquel día y hasta el fin del tiempo, los sauces llorarán por Imeón, que por amor fue convertida en un trozo de amatista por la mano de Oberón. Y cuidado si alguna vez veis un trozo de amatista en el suelo delante de un Sauce Llorón, ¡no lo cojáis! Pues podrían ser Sauce e Imeón, protegidos por Grack, que viendo a su amada morir, juró protegerlos eternamente para que, así, pudieran estar juntos estos dos enamorados, pues por su culpa, y sus celos, ella murió.